por Enrique Tovar, periodista de La Nación

Los costarricenses no debemos desesperarnos por los cíclicos roces con Nicaragua, porque ello pone a prueba la tradicional paz y civismo de nuestro país.

Mientras Managua envía su ejército, armado hasta a los dientes, a patrullar el río San Juan, como un acto de bravuconada, en Costa Rica sale un “ejército” de 50.000 trabajadores a recolectar el grano de café, y entre ellos se encuentran miles de nicarag?enses a quienes precisamente el desempleo y el hambre expulsaron de su propia patria.

Si se hace un repaso histórico, Nicaragua ha estado al “lado” para poner a prueba la vivencia pacífica de los costarricenses y su respeto a las leyes. Ellos se mueven con las armas y el desafío bélico. Aquí se vive y se practica la paz cotidiana. Cuando hay un desacuerdo, el costarricense recurre a los tribunales de justicia para dirimir las diferencias porque el derecho es precisamente la negación de la barbarie. Las armas son el primitivismo que hay que erradicar del espíritu humano.

Lo de Nicaragua no es “personal” con Costa Rica. Esa nación ha tenido problemas -y en algunos casos siguen vigentes- con Honduras, Colombia, Estados Unidos y hasta Rusia, que queda al otro lado del planeta. Se podría decir que Nicaragua es un país contra el mundo.

No es el pueblo. En esto cabe una aclaración. No es el pueblo nicarag?ense el problemático. Es un sector de su cúpula de poder. El desvío de la atención le permite a una pequeña mafia continuar saqueando las arcas del Estado y evadir responsabilidades, desde el ámbito político, ante la ciudadanía. Eso precisamente les permite encubrir su incapacidad.

El pueblo nicarag?ense es noble, hospitalario y risueño. Carga el cruel destino de ser explotado y humillado por un pequeño grupo que participa en el ejercicio del poder, el cual trata de originar roces con otros países y provocar guerras intestinas, con saldo de hasta 50.000 víctimas, amén de los miles de mutilados y desterrados. Si eso hacen con sus propios hermanos, ?de qué no serán capaces con vecinos y extraños!

Para Costa Rica la acción recurrente de Nicaragua es una penitencia. Es el precio de ser una nación que ama la paz, practica la paz y anhela la paz.

Fuente: La Nación

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